
El ciego Bartimeo soltó el manto y se puso en pie dando un salto, fue entonces cuando Jesús le dijo: ¿Qué puedo hacer por ti? Estaba en un lado del camino, y le suplicaba a Jesús que tuviera piedad de él. Pero para que Jesús pudiera obrar en él debía de dar un salto de fe, y soltar todo aquello que le alejaba de Cristo. Estaba claro que era mucho, no estaba con Jesús, pero lo deseaba. Anhelaba seguir al que es Camino, Verdad y Vida. Pero se encontraba perdido y no lo podía ver. ¿Cuántas veces nos encontramos todos así? Conscientes o no, suplicamos a Dios un milagro, pero Él que todo lo sabe no puede obrar si nosotros no le abrimos las puertas de nuestra corazón. Nos quedamos sentados al borde del camino esperando a que Jesús nos llame, pero Él nunca deja de hacerlo, somos nosotros los que nos cuesta liberar lastre y seguirle. A veces estar a su lado, en su camino, conlleva muchas renuncias, muchos sacrificios, ¿Cuánto le amas? ¿A cuánto eres capaz de renunciar por Él?
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