ROTA Y ENTERA

El Señor nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas. Las palabras que digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.







jueves, 18 de octubre de 2012

IN - CULTURAS

- ¿Por qué lloras? 
- Me siento sola en este país, no tengo amigas. Ellas viven en otro pueblo y mi padre no me deja ir a verlas.
- ¿No sales por las tardes?
- No me dejan salir sola, siempre debo de ir acompañada por un familiar. Si me vieran con un chico...
- Y, dentro de unos años, ¿qué?
- Mi padre me casará con un hombre que vaya a mi casa y ofrezca algo por mí. Yo no elijo, da igual que me guste o que no, da igual si me enamoro de otro. Es el hombre con el que pasaré el resto de mi vida. Me gustaría ser como el resto de chicas de clase.

La siguiente pregunta era evidente: ¿Se puede ser feliz así? No me ha hecho falta hacerla. Aquellos ojos negros grandes y cristalinos me decían la respuesta y esas lágrimas que brotaban por sus mejillas lo confirmaban. Se han sentido escuchadas y por un momento, han sentido ese calor procedente del cariño que les tengo a todos los alumnos que pasan por mis aulas. Ellos me enseñan muchas cosas y a cambio se llevan una parte de mí y todo el amor que les suele faltar.

- ¿Vendrás algún día a nuestras casas a conocer a nuestras familias? ¡Tienes que venir, por favor!
- Cuando me digáis estaré encantada de ir a visitaros.
- Gracias, eres buena.


martes, 16 de octubre de 2012

¿Dónde buscas la Felicidad?

   ¿Cómo concibes la felicidad? Me he pasado toda mi vida con un concepto erróneo de la felicidad, y eso es malo créeme. Buscar la felicidad identificándola con alegría, a lo que pensaba que me llevaba la mayor parte de las cosas materiales o un estado de euforia en mi mente, me ha llevado a todo lo contrario, a ser infeliz.

   Se puede tener todo y ser el ser más infeliz de la tierra, se puede tener poco y ser una persona feliz. Se puede estar sola y sentirte acompañada, se puede estar rodeada de gente y sentirte en la más absoluta soledad. Se puede orar a solas y no concentrarse, se puede rezar en medio de la gente y estar en la más absoluta intimidad con Dios. ¿Qué quiero decir con esto? La mayor parte de la gente tenemos los conceptos básicos de la vida y de la felicidad cambiados. Uno que va a un bar con los amigos de cañas y se ríe, es un tío enrollado y feliz; el que va a misa a todos los días es un infeliz que no tiene amigos y que mata su tiempo allí. ¿Padres divorciados? lo normal. ¿Aborto? algo lógico. No es la Iglesia la que está crisis, sí los valores que sustentan a la sociedad.
   Antes reía mucho, salía, entraba, iba y venía pero no encontraba mi sitio, por dentro estaba muerta y era toda fachada. Aspiraba muchos días al ocaso, con la esperanza que el alba me trajera la felicidad. Ella pasaba a mi lado, estaba en mi corazón y me buscaba, solo que yo la ignoraba. ¿Cómo podía entender que la clave de todo residía en el AMOR? ¿Cómo podía entender que AMOR y CRUZ son sinónimos? Imposible no sentía ni comprendía que Jesús me ama.
   Ahora todo es distinto, cuando logras entender que llorar no es sinónimo de infelicidad aunque lo hagas por sufrimiento, porque la felicidad no depende de un estado de ánimo pasajero ni de lo bienes que poseemos, entonces la has encontrado. Mirar a tu interior y sentirte llena y completa por AMOR, ya solo eso te hace entender que eres feliz. Por eso no pierdas tu tiempo en huir de algo, o en buscar algo, piensa solo esto, ¿Dónde encuentras tu felicidad?

lunes, 15 de octubre de 2012

Los Lunes ¿Tranquilos?

   Acaba el día y estoy agotada, ¿Es maravilloso verdad? Es uno de esos días que no queda ni un minuto libre, que parece que en momentos me vaya a duplicar para dar a basto. Comienzo el día pensando, es un lunes tranquilo, y es lo que más me gusta, que el Señor no pierda la capacidad de sorprenderme. 

  La tranquilidad dura poco, después de un recreo movido me dirijo para cumplir con mis planes, terminar tareas pendientes de clase, ¡pobre incrédula! ¿Cuándo aprenderé que no soy dueña de mi vida, que nada me pertenece? Cuando voy por conserjería hay un chaval quejándose, me quedo con él e intento tranquilizarlo, está muy nervioso, se queja de que le duele mucho la espalda. Llamo a su madre e intento explicarle lo sucedido. Ella me pregunta ¿ha sido en una pelea? Entonces me extraño y me pregunto, ¿Por qué esa insistencia? Vuelvo con el chico, le miro a los ojos y no puede negarse a decirme la verdad, efectivamente ha sido una pelea. Es increíble lo que unos ojos pueden esconder, y lo transparente que te hacen a los demás, una mirada dice más que mil palabras seguidas.

   Sigo mi recorrido por el pasillo para llegar al departamento, cuando veo a otro alumno sentado en el pasillo. Podría haber pasado de largo haciendo como que no he visto nada, pero no es mi naturaleza. Paro y le pregunto qué hace allí en horas de clase, y como era de suponer, no ha entrado a clase. Le explico la importancia de su acto y de sus consecuencias, y lo acompaño a su clase, allí me doy cuenta por desgracia que muchos de mis alumnos han optado por no entrar e irse al parque. No puedo hacer como si nada, así que luego les toca bronca y charla. La hora libre para mis tareas se ha esfumado. A continuación dos horas seguidas explicando y entonando palabras en clase, la voz falla pero no paro de reírme, es sorprendente lo intuitivos que son los chicos, a pesar de las broncas y las múltiples tareas de mis clases siempre buscan mi afecto. Saben que estoy ahí por ellos y que todo lo hago por una razón.

   Podría seguir contando las tarde, esa que no me ha dejado ni un segundo libre. Eso sí, para Dios y para la oración siempre tengo un espacio del día reservado. Acabo el día con un dolor de piernas increíble pero con la gran satisfacción de haber por lo menos intentado hacer de mi vida un servicio y entrega a los demás. No se puede pedir más: risas, preocupación, dolor, alegría, lágrimas pero sobre todo un día lleno de amor, el que me da Jesús todos los días y el que intento reflejar torpemente a los demás. Buenas Noches Señor: En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque solo Tú Señor me haces vivir tranquila.




miércoles, 3 de octubre de 2012

Amanece

   Son las 8.10 de la mañana, voy conduciendo por la carretera, suena una canción en la radio. Me encanta empezar el día con música, cuando pongo la radio y empiezan a contarme las noticias cambio sistemáticamente, me gusta comenzar alegrando mi corazón. De repente me quedo fijando mi mirada en el horizonte me doy cuenta como asoma el astro sol con todas sus fuerzas. Eso me recuerda algo, por muy malo que sea el día, solo dura 24 horas, y cada amanecer es una nueva oportunidad de demostrarle a Dios que hemos aprendido de los errores de ayer y que estamos preparados para vivir el hoy.

   Me dejo inundar por sus rayos, y pienso, Señor, ¿Qué me deparará el día de hoy?. Esta siendo una semana dura, en la que empecé con una noticia que me hizo sentir rota, y ha continuado con detalles que hacen que a mi corazón le cueste reponerse. A pesar de ello soy consciente de que Jesús me manda todas sus fuerzas. Cuando vivía alejada de Él, una semana como esta tan insoportable me hubiera hecho enloquecer. Llego a clase, hay dos niñas muy alteradas que hablan a la vez y no las entiendo. Les suplico que se tranquilicen y me cuenten su problema, al oírlo siento una pena muy grande. La razón es, que no puedo hacer nada para ayudarlas, y el daño que se les ha causado es irreparable. Pienso en cada momento, "Señor, si Tú lo quieres habrá una razón más allá que yo no puedo ver y que se escapa a mi percepción".

   Al final de día me espera lo mejor, encontrarme con Cristo, aunque en días como hoy esté ausente y casi no me entere por los pensamientos que inundan mi mente, le pido al Señor perdón y fuerzas. Sé que está ahí, soy yo la que ando desequilibrada. Termino con una oración de sanación por mí y petición por aquellos que me preocupan y que desgraciadamente no está en mi mano ayudarles. Al Padre los encomiendo, Él mejor que nadie sabe el porqué de las cosas, ¿Quién soy yo para cuestionarlas?

martes, 2 de octubre de 2012


   Hay cosas que parece que las olvidé hace mucho tiempo y de repente, un día como hoy vuelven a mi memoria, y no por casualidad.  Hoy es el día de nuestros ángeles de la guarda. Yo nunca me acuerdo de pedirle nada. Es algo que oía mucho de niña, pero que lo aparqué en un parte de mi mente pensando que era algo de la infancia que te dicen para que te duermas tranquilo. Pero jamás pensé en su verdadero significado, un regalo del mismo Dios, que ha querido hacernos partícipes, ya en la tierra, de la compañía de una criatura celeste que nos recuerda al rostro del Padre que tanto anhelamos contemplar.

   Hoy no paro de pensar en él, en mi ángel de la guarda. Tras la oración de esta mañana le digo, una y otra vez: Ángel Custodio me encomiendo a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname en este día.  Ayer una  herida se abrió y está más sangrante que nunca. Debo darle gracias a Dios porque me concede la posibilidad de acercarme aunque sea de lejos al sufrimiento  de Cristo,  que nos amó y  se entregó por nosotros. Cuando recibes una noticia así sientes un dolor intenso en el corazón, como si se rompiera en mil pedazos, pero entonces me doy cuenta que mi corazón es inmensamente grande y  está lleno del amor de Dios. ¿Cómo se va a romper? Podrá ser ultrajado o pisoteado pero nunca perecerá, porque pertenece a Cristo, Él es dueño de mi alma y mi corazón.

   Necesito muchas fuerzas estos días, pero sé donde las encuentro, en la Sagrada Eucaristía, en el cuerpo y sangre de Cristo. Las refuerzo en la oración, motor de mi día a día. Todo a mí alrededor se tambalea, y siento el demonio cerca acechando pensando que en estas horas bajas podrá conmigo, ¡Pobre Diablo ignorante!, nada ni nadie me hará dejar de pensar que cada sufrimiento tiene una causalidad divina y un acercamiento a Jesús. Tampoco sabe que mi Fe esta construida sobre roca firme, y que jamás dejaré que siembre la duda en mi ser.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Un Año Después

   Ayer fue un día muy especial para mí, hace un año que empecé tímidamente mi acercamiento a Jesús. Era un domingo, me acuerdo que bajé empujada por algo que no lograba entender. Hacía días que dentro de mí brotaba una inquietud que me llamaba a acercarme a una Iglesia, sentía una llamada muy fuerte. Me senté en el primer banco, esperando confesar. La verdad es que fue raro, porque cuando iba camino de la Iglesia no pensaba en hacerlo. Pero al entrar allí, el ambiente me resultaba muy familiar. Se acercó el sacerdote y me preguntó si deseaba confesar y le dije que sí. No iba nada preparada para enfrentarme a ello, pero creo que en ese momento no era yo la que hablaba, sino Cristo hablaba por mí.

   Me acuerdo de esas primeras misas como si fuera ahora mismo. Eran momentos de profunda angustia, la mayoría de las Eucaristías me las pasaba llorando. Creo que era mi forma de decirle, que estaba allí, al borde del precipicio y que no sabía lo que tardaría en despeñarme. Es extraño hablar de esto porque en mi mente parece que hayan pasado muchos años, casi diría que un siglo. Lo que empezó así, continuó convirtiéndose en una necesidad, a medida que los días pasaban me daba cuenta de la necesidad de ir a misa todos los días. Sentía la fuerza que me transmitía, aunque no comprendía nada. Así me pasó con la oración, no era consciente de la necesidad que sentía de hablar con Dios hasta que empecé a hacerlo. Sin darme cuenta se convirtió en el motor que hacía que me levantara por las mañanas.

   No sé si como dice mucha gente me he caído del caballo, ni tampoco sé porque el Señor se fijo en mí, y no en otra persona. Lo que sí sé es lo que ha cambiado mi vida en este tiempo. Tenía todo en la vida para ser feliz: un marido al que amaba con locura, una familia que siempre me apoyaba y un trabajo que adoraba. A pesar de ello me sentía rota por dentro e incompleta. Cuando en mi vida los obstáculos y las pruebas comenzaron a surgir, de repente sentí que no podía con ellos. Y es que me empeñaba en esquivarlos en lugar de enfrentarme a ellos. Solamente cuando entendí que faltaba lo fundamental en mi vida, fui capaz de alcanzar la verdadera felicidad. Solamente cuando dejé que Jesús entrara en mi corazón y me entregué a Él, solo así, comprendí el sentido de mi existencia. Gracias Dios Mio, porque muchos fueron los llamados pero pocos los elegidos. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

Luces en la Oscuridad

   Hay signos que se repiten en los textos y que marcan nuestras creencias. Yo siempre me quedo con el agua, la luz de una vela, el pan y el vino. Son esenciales en la mesa de un altar. Si unes esto a la Palabra de Dios y la presencia de uno de sus pastores, ¿Qué más necesitas? Hoy el Evangelio nos compara con una lampara de aceite, con la luz, esa que está presente siempre ante el Sagrario y en la mesa del altar. Hay algo que a mí personalmente me asombra. Como cambia el altar cuando es iluminado. Aunque si me tengo que quedar con una imagen, me quedo con la Iglesia apagada y solo la luz del Sagrario, si no lo habéis experimentado, intentarlo, es un ejercicio de introspección total.
   Cuando veo las velas iluminadas no puedo más que pensar que yo soy una de esas velas. No hace mucho, casi un año, apagada, nada ni nadie hacía que diera luz, no tenía cera, el producto necesario que hace que la vela se encienda y se mantenga encendida. Era un objeto inservible. Después llego Cristo a mi vida, se convirtió en la cera que me permitió arder o en el aceite que le hacía falta a esa lampara para iluminar. Y de repente la oscuridad desapareció y se tornó claridad. Me prometió felicidad pero a cambio de sacrificios y renuncias. Hasta entonces pensaba que lo tenía todo y no entendía como podía ser el ser más infeliz de la tierra. Después empecé a seguir a Jesús, y me hablaba de aceptar las cruces y seguirlo, que el sufrimiento es algo maravilloso si lo ofreces. Pensé menuda propaganda para tener seguidores. 

   Pero comencé a dejar que su Palabra calara en mi alma y mi corazón, dejé que su cera encendiera mi llama. Comprobé por mi misma que es maravilloso aceptar los lances que la vida te da, sin intentar frenarlos, sino dejando que Cristo me ayudará. Y no sé como, caí rendida a sus pies. Es extraño, pero me enamoré perdidamente. Y como la lámpara de ese texto, no puedo sentirme más que afortunada y agradecida, porque soy luz encendida por Jesús para llevarla al resto del mundo. Confío en no defraudarle y no dejar de cuidar esa llama que solo de mí depende que siga dando luz a la humanidad.