Me dejo inundar por sus rayos, y pienso, Señor, ¿Qué me deparará el día de hoy?. Esta siendo una semana dura, en la que empecé con una noticia que me hizo sentir rota, y ha continuado con detalles que hacen que a mi corazón le cueste reponerse. A pesar de ello soy consciente de que Jesús me manda todas sus fuerzas. Cuando vivía alejada de Él, una semana como esta tan insoportable me hubiera hecho enloquecer. Llego a clase, hay dos niñas muy alteradas que hablan a la vez y no las entiendo. Les suplico que se tranquilicen y me cuenten su problema, al oírlo siento una pena muy grande. La razón es, que no puedo hacer nada para ayudarlas, y el daño que se les ha causado es irreparable. Pienso en cada momento, "Señor, si Tú lo quieres habrá una razón más allá que yo no puedo ver y que se escapa a mi percepción".
Al final de día me espera lo mejor, encontrarme con Cristo, aunque en días como hoy esté ausente y casi no me entere por los pensamientos que inundan mi mente, le pido al Señor perdón y fuerzas. Sé que está ahí, soy yo la que ando desequilibrada. Termino con una oración de sanación por mí y petición por aquellos que me preocupan y que desgraciadamente no está en mi mano ayudarles. Al Padre los encomiendo, Él mejor que nadie sabe el porqué de las cosas, ¿Quién soy yo para cuestionarlas?
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