ROTA Y ENTERA

El Señor nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas. Las palabras que digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.







sábado, 31 de marzo de 2012

La cruces de la VIDA

   Ayer sentada en la oscuridad enfrente de nuestro Cristo crucificado no podía más que quedarme perpleja y maravillada ante su imagen, me hablaba a través de sus llagas, de sus heridas, de sus clavos, sentía su dolor como si fuera propio. Me daba una lección de valentía, al mismo tiempo que me sentía terriblemente cobarde, ¿Cuántas veces mi rebeldía ante la enfermedad me ha llevado a renegar hasta de mis seres queridos, de mi vida y me ha hecho auto compadecerme de mi misma? Me convertí en una persona egoísta que solo veía mi dolor, sin  darme cuenta que los que estaban al lado sufrían incluso más que yo.

    De todas formas si hay algo que he aprendido en estos años es que el sufrimiento que no proviene del cuerpo, sino del alma es muchísimo más doloroso y cuesta más de curar. Para sanarlo no hace falta de pastillas ni psicólogos, lo sé por experiencia. Yo solamente me curé cuando descubrí el rostro de Dios. Hasta entonces lo único que conseguí fue ir poniendo parches que me hacían sentirme momentáneamente feliz, pero que a la larga no cambiaban esa percepción de amargura y desconsuelo. Ahora hay días como hoy que los dolores físicos me recuerdan  mis limitaciones y me entristecen, pero esa tristeza es un estado de ánimo pasajero. Desde que siento el júbilo de mi vida en Cristo me doy cuenta que el dolor físico se puede combatir e incluso aguantar porque mi alma está fuerte, el Señor la ha curado.

   Si alguna vez se me olvida solo tengo que postrarme como María a los pies de la cruz. Allí recodaré como la persona más pura que ha vivido en la tierra  padeció los más terribles sufrimientos solo por amor al Padre y a nosotros. No intentó escapar a su destino, ni quejarse, aceptó el dolor y la humillación. No creo que nadie pueda nunca llegar a amar de una forma ni siquiera parecida.

viernes, 30 de marzo de 2012

Mi primera Semana Santa de verdad...

    Empieza hoy unos días muy especiales en mi vida, es la primera Semana Santa que voy a vivir al lado de Jesús. Hasta ahora solamente eran unas vacaciones del trabajo, me servían para desconectar de la rutina y el estrés del instituto. Este año todo es distinto, ya tengo mi programa y empieza hoy con el pregón de la Semana Grande, me va a gustar acompañar a Jesús en cada uno de los acontecimientos tan intensos que vivió en esos días. Vivir la Redención de Cristo, quien por su infinita misericordia y amor al hombre, decide libremente tomar nuestro lugar y recibir el castigo merecido por nuestros pecados

   Me encantará acompañarle en su entrada triunfal a Jerusalén y en la institución de la Eucaristía. Oraré junto al Señor en el Huerto de los Olivos, esperando no dormirme en su agonía, le acompañaré en su doloroso camino de sufrimiento, hasta llegar a la cruz. Lloraré junto a María al pie de la cruz, lamentándome por las veces que yo también le he clavado en esa cruz. Para terminar yendo al sepulcro y sintiendo el júbilo de su resurrección, esperando que cuando lo vea por el camino pueda reconocerlo.

   Mirar la cruz me revela muchas cosas, entre ellas que mis sufrimientos sirven para identificarme con el sufrimiento del Señor en la Pasión. Me desvelan actitudes como el perdón, la paciencia, la comprensión y la generosidad con mis semejantes. Me invita a morir de mi vida de pecado y a resucitar en la reconciliación con Dios.

jueves, 29 de marzo de 2012

El abrazo del PADRE

   Después de una confesión diferente queda en tu alma un poso especial, sientes una alegría espiritual distinta, esa que solo consigues estando en paz y reconciliándote con el Señor. No podría decir los minutos que ha durado, solo que sé que nada más empezar veía en sus ojos la ternura de un padre, solo mirándome me transmitía un "no pasa nada el Señor te ama". He sentido en todo momento su presencia.
  
Hemos hablado como padre e hija, me ha preguntado por mi historia y me ha recordado lo bonita que es y lo afortunada que soy. Ha afirmado que estaba seguro que el Señor me tenía reservada muchas cosas buenas, pero también me ha advertido que junto a ellas habrían algunas cruces, pero que no debía revelarme. Ha puesto ante mis ojos algo obvio pero que olvidamos con frecuencia: Él entregó a su hijo en la cruz para salvarnos y no evitó su sufrimiento aunque estaba en sus manos, entonces ¿Cómo va evitar los nuestros? Eso sí, nos ama tanto que promete no abandonarnos nunca. Y no lo hará desde la distancia ni acompañándonos; nos cogerá en brazos y nos refugiará hasta que amaine la tormenta.
  
 Se nos ha hecho corto, los dos queríamos seguir hablando,  así que me ha dicho que no quiere perder el contacto, yo tampoco. Termino con la frase que me ha marcado:

Somos tan amados por Dios que nos lleva tatuados en las palmas de sus manos (Is 49, 14-16).

Ser uno mismo

   Desde que me cambié de una ciudad a un pueblo mi percepción de la vida cambió por completo. Yo era una persona libre que jamás me preocupó el que dirán o las opiniones de la gente. Entonces de la noche a la mañana mi vida dio un giro de 360º. Me di cuenta que vivir en un pueblo suponía perder el anonimato que jamás había valorado en la ciudad. Todos opinan, preguntan y emiten juicios de valor sobre tu vida. Me empecé a agobiar y me encerré en mi misma y en mi casa, pensando que era la forma para que nadie me hiciera daño.
   La verdad es que no me podía imaginar lo que cambia el carácter y las relaciones interpersonales de un sitio a otro, podría poner numerosos ejemplos sobre ello, y como me ha afectado hasta tal punto que prefería bajar la cabeza y hacer como que no veía a nadie por la calle, o llevar los auriculares puestos para evitar entablar conversaciones, esquivando así las preguntas, que a mi juicio a veces se convierten en impertinentes.
   Desde que inicié mi torpe camino como cristiana, me empecé a dar cuenta de algo, que el problema no lo tenía la gente sino que lo tenía también yo. Que no podía hacer las cosas por agradar a la gente,  sino que tenia que ser "yo misma", tenia que dejar que las palabras de otras persona por muy dolorosas que fueran me hundieran y me convirtieran en una persona egoísta que no hace más que entonar el "pobrecita de mí, que malos son los demás".
   No puedo moldear mi conciencia bajo "el qué dirán", sin darme cuenta en algo que dice un gran sabio "la verdadera sabiduría entra por el amor, el silencio y la mortificación. Grande sabiduría es saber callar y no mirar dichos ni hechos en vidas ajenas" (San Juan de la Cruz). Y algo muchísimo más importante que todo esto, y es que la luz de Dios ha entrado hasta las entrañas más heridas de mi ser, que Él me ama por encima de todo y que es Él la única persona capaz de sanarme.

miércoles, 28 de marzo de 2012

La VERDAD me hizo LIBRE

    Cuando vives en el pecado, es muy fácil estar ciego, no eres consciente de ello, o no quieres serlo...Durante mucho tiempo me convertí en una ciega. Ahora que miro para atrás me doy cuenta de la vida que llevaba, de las cosas que hacía, y de las justificaciones que me buscaba para hacerlas. Todo lo que significaba hacerme daño predominaba mi vida. Era capaz de cuidar a la gente de mi alrededor pero yo no hacía más que despreciar mi vida. Me convertí así en una persona que desechaba el bien más preciado que Dios me había dado, la VIDA. Yo buscaba la libertad lejos de la verdad, y me hice esclava de mis pecados.
  
   Jesús decía que la verdad nos haría libres, por tanto la LIBERTAD y la VERDAD van unidas. ¿Dónde está la verdad? La respuesta es sencilla, "Él es la verdad, el camino y la vida", si vivimos en CRISTO y su PALABRA, vivimos en la verdad, y por tanto, nos convertimos en personas libres y alcanzamos la felicidad y la plenitud.
  
   Al final conseguí reconocer todos mis pecados y desnudar mi alma por completo a Dios. Me costó varias confesiones hasta que me libré de todo aquello que me atormentaba de mis años en la oscuridad. Fue entonces cuando me di cuenta que solo la vida en Cristo tenía sentido. Resucité y mi vida adquirió sentido.

martes, 27 de marzo de 2012

Mendigar...

Había una vez un hombre que era muy pobre, se dedicaba por el día a ir de casa en casa pidiendo limosna para comer. Con su saco al hombro pedía aquello que buenamente pudieran darle. Cuando volvía a su humilde hogar vaciaba el saco encima de la mesa  y recontaba aquellas cosas que había mendigado. Un noche pensaba: "Si un día el Rey de Reyes pasara con su carroza dorada, se apiadara de mí y me otorgara toda clase de riquezas, me haría el hombre más feliz de la tierra".
Al día siguiente, mientras volvía a su casa, cuando el sol ya caía, vislumbró en el horizonte una carroza dorada rodeada de ángeles e iluminada por rayos de sol. Inmediatamente al verlo pensó lo afortunado que era, ya que sus sueños se iban a cumplir. Así que se sentó debajo de un árbol a esperar, mientras se imaginaba todas las riquezas que iba recibir.
Una vez la carroza llegó a su altura, paró y bajó el Rey de Reyes, y acercándose a él le dijo: "Tienes algo para darme". El mendigo muy sorprendido le explicó que era pobre, y que pedía para comer, pero abrió el saco y rebuscando le dio un grano de trigo; el Rey de Reyes sin decir nada se subió a su carroza y se fue.
El pobre hombre volvió abatido a casa, cuando llegó, vació el saco encima de la mesa y para su sorpresa encontró un grano de oro. Al ver esto se echó las manos a la cabeza arrepintiéndose de no haberle dado todo lo que tenía.
¿Qué es lo que esperamos del Señor y qué le damos a cambio? Nos es fácil exigirle y muy difícil hacer su voluntad. Pensamos que Dios tiene que estar a nuestro  servicio. Cuando no cumple nuestra expectativa nos quejamos. Es decir, muchas veces en lugar de alabarlo, lo utilizamos. Jesús con el Evangelio nos dejó testimonio de lo que le agrada a Dios. Por tanto, hacer lo que le agrada a Dios es vivir según Cristo, fijándonos en lo que el hizo en su vida terrena. Es entonces cuando me doy cuenta de lo complicado que es, porque el no obró en ningún momento en su beneficio, ni para aumentar su fama ni su fortuna, ni siquiera para aliviar sus sufrimientos. Se entregó completamente. Por tanto, no está mal pedir cosas a Dios, en el que creemos, pero no está bien creer en Dios porque nos conceda cosas.

domingo, 25 de marzo de 2012

Afrontar la VIDA

   Algunos pensarán, si Dios existe y es bueno, ¿por qué permite el SUFRIMIENTO? Digamos que Dios creó un paraíso terrenal, donde no existía la enfermedad y el sufrimiento, pero nuestros primeros padres pecaron y rechazaron a Dios. Él, que nos seguía amando, les perdonó, pero perdieron sus dones. 
   Considerar la enfermedad desde una perspectiva cristiana es cuanto menos complicado. La enfermedad está en todas partes y afecta a todas las clases, nadie se puede librar de ella, por tanto la gracia del creyente no nos coloca fuera de su alcance. La enfermedad nos pone a prueba como personas, nos convierte en muchas ocasiones en niños, y afecta a nuestro carácter y ánimo.
   Cuando la enfermedad toca a nuestra puerta, debemos abandonarnos en brazos del Señor, aunque podemos tener la tentación de revelarnos contra Él, y pensar que nos ha dejado. No es una sensación muy desconocida para mí, durante años pensé que Dios no se acordaba de mí, me enfadé con Él, y aunque no lo negué, lo desplacé de mi vida. Fue entonces cuando empezó mi decadencia como persona, y mi muerte en vida. Perdí la perspectiva y comencé a hacerme daño gratuitamente, cualquier cosa era válida. Mi carácter cambió, pero mi exterior lo conservé, esa alegría en mi cara no se borró. El resultado fue, una amargura interior y silenciosa, un llanto ahogado, que acabó por llevarme al borde de la desesperación.
   Esa forma de revelarme contra la enfermedad ahora sé que era el camino que Dios quería que siguiera para poder experimentar su amor. Para conocer la LUZ es necesario haber estado en tinieblas.  Pero lo más importante de toda esta experiencia es que no me arrepiento de haberla vivido porque me ha acercado a DIOS, y me ha devuelto a la VIDA.