ROTA Y ENTERA

El Señor nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas. Las palabras que digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.







domingo, 29 de abril de 2012

El Buen Pastor

Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas...

Jesús es el Buen Pastor que se queda con las ovejas atemorizadas cuando se encuentran en peligro y el que vela por ellas para que nada les pase. Planta cara para protegerlas, y da su vida por ellas.  La muerte de Jesús en la cruz tiene mucha importancia para nosotros. Jesús no murió porque le arrebatasen la vida, sino porque él la ofreció por amor.

La Iglesia es el redil de Cristo. Fue la misión que le mandó su padre. Luego Cristo dejó a  pastores humanos para gobernar las ovejas, sin embargo es Jesús mismo el que sin cesar las guía y alimenta. Él, el es Buen Pastor  que dio su vida por las ovejas.

Jesús expresa otra inquietud: “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. Difícil tarea, porque esas ovejas no quieren escuchar.  La figura del pastor denota obediencia y seguimiento. Y esto no gusta nada al ciudadano actual, aunque luego, en la vida diaria, seamos esclavos de otras muchas cosas.

   Es curioso, y lo digo por experiencia propia como, al contrario de lo que piensa la gente, lo que parece esclavitud es libertad, y lo que parece que es libertad es esclavitud. El convertirme en parte de la manada a pesar de parecer todo lo contrario, no me resta personalidad, sino que me descubre lo que soy y adonde voy. Ahora se mi dirección, tengo al Pastor de Pastores que me guía.

Él es el camino, la verdad y la vida.

viernes, 27 de abril de 2012

Soy Jesús

   Leyendo hoy la historia de la conversión de San Pablo, han pasado muchas cosas por mi mente. Da igual las veces que la haya leído, y da igual las veces que la leeré. Normalmente los llamamientos del Señor son mucho más sencillos, menos espectaculares. No suelen llegar en medio del huracán y la tormenta, sino en los acontecimientos ordinarios de la vida. Todos tenemos nuestro camino de Damasco y nuestro Ananías que nos impone las manos. A cada uno nos acecha el Señor en el recodo más inesperado del camino.
   Los caminos del Señor son inescrutables y en cuanto menos te lo esperas te acaricia el alma y caes rendido a sus pies. El caso de San Pablo se asemeja al de otros conversos que no conocíamos a Dios y de repente un día nos encontramos con Él. Al ocurrir esto nos convertimos en unos enamorados de Cristo.    Al caerse las escamas de nuestros ojos contemplamos y vivimos la experiencia más grande, profunda y decisiva de nuestra vida. Una experiencia de gozo, de amor y de libertad: descubrir a Dios, nuestro Padre.
   Sentimos la necesidad de proclamar la verdad de la vida, nos encantaría evangelizar por donde vamos. Convertimos a Cristo en el centro de nuestra existencia. Todo pasa por Él y todo termina en Él. Nuestra identidad pasa a caracterizarse por el encuentro, la comunión con Cristo y su Palabra. El cambio es tan radical que la gente de alrededor se extraña y habla. ¿Cómo se quedaría la gente de la época cuando Saulo pasó de perseguir a los cristianos a proclamar la Palabra de Dios?
   Me quedo con esta frase que me cautiva, una de tantas que nos dejó San Pablo:
                      "ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi"

jueves, 26 de abril de 2012

Iluminar Vidas

   Que el Señor nos llame luz del mundo es un gozo para cualquier creyente porque antes de eso ya dijo: “yo soy la luz mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”Juan 8:12
   Cuando ahora dice: "Vosotros sois la luz del mundo" nos declara herederos de su LUZ y nos viene a decir que si le seguimos y salimos de la oscuridad seremos nosotros también la luz que ilumine el mundo. Nos transmite la gran responsabilidad que tenemos como seguidores de Cristo. Somos aquellos que debemos iluminar al resto, tenemos una gran misión. Todo creyente tiene que saber que cuando Jesús entra en nuestro corazón, llena de luz nuestras vidas, con el propósito de que la reflejemos en otros.
   Para ello la mejor forma de hacerlo es mediante nuestra obras, ya se sabe la fe sin obras está muerta. Esas obras las debemos hacer para mayor gloria de Dios. Una obra misericordiosa realizada a un hermano es una manifestación exterior de nuestra luz interior que proviene de Dios. Por el contrario, una obra impiadosa, un acto inhumano, refleja que en ese corazón sólo hay tinieblas y oscuridad, y ausencia de la luz de Cristo.

   Igual que una planta necesita la luz del sol para vivir, yo necesito la luz divina que proviene de Cristo. Sin embargo, cuando estaba en las tinieblas pensaba: “No tengo necesidad de Dios para vivir” o  "No tengo necesidad de la Misa del Domingo para vivir, no tengo necesidad de Cristo Eucaristía para vivir", sin saber que así me apartaba de la Fuente Inagotable de Vida y de Amor que solo Dios me da.
   Hasta que alguien no me acercó a través de su luz a la luz de Cristo, no comprendí donde radicaba la raíz de mi desdicha y no empecé a vivir. Ahora me gustaría ayudar a otras personas que se encuentran como estaba yo no hace mucho.  Lo primero es descubrirles las tinieblas, para después mostrar con una forma de vida diferente que solamente con Cristo se alcanza la felicidad.

martes, 24 de abril de 2012

Hablar con Dios

 
Hasta que alguien no me descubrió los grandes beneficios de la oración no me había dado cuenta de su importancia. Pensaba que rezar era pedirle a Dios aquello que necesitábamos. Cuando estaba alejada de Él, alguna vez me acostaba y rezaba un Padre Nuestro o un Ave María, pero como si lo hiciera de memoria y sin saber realmente el porqué. Cuando hace unos años apareció una cruz muy pesada para mí que no podía compartir, me acuerdo perfectamente que le dije a mi madre que me recordara como se rezaba el Rosario, sentía que necesitaba el consuelo de Dios y ni siquiera llevaba una vida cristiana. Lo llegué a rezar a diario, estaba en mi mesita y al mirarlo no entendía porque necesitaba hacerlo, solo sabía que encontraba paz. Quizás era ya un diálogo con Dios. El no poder contarlo a nadie era muy duro, supongo que el decírselo a Él era una petición de auxilio ante una situación que superaba mis límites de entendimiento.
   Ayer me decía un sacerdote que la vida de un cristiano gira en torno a la oración, que se debe encontrar en el centro de su vida. A partir de ella se empieza a conocer y amar al Dios. El diálogo íntimo y continúo con él, alimenta nuestra fe y nos predispone para buscarlo donde Él está verdaderamente presente, en la Eucarística. Nos comentaba algo que es cierto, hay que obligarse a orar. Puede que al principio nos dé pereza e incluso que nos parezca fría. Habrá días que sentiremos que la oración es vacía y que no nos trasmite nada, da igual, la perseverancia nos acerca a Dios.


 En las relaciones humanas uno no se enamora realmente de una persona sin conocerla íntimamente. Conforme hablas con ella y vas entablando una relación de amistad y de convivencia es cuando te das cuenta que la amas. Con el Señor me ha pasado lo mismo. Conforme me he relacionado con Él lo he empezado a amar, y la forma ha sido orando. Así siento que  arraigo mi fe, y aumenta mi deseo de estar más tiempo con Él y por tanto lo busco donde realmente está presente, en la EUCARISTÍA.

lunes, 23 de abril de 2012

Voluntad Divina

   Hoy les explicaba a los niños los oráculos en la mitología griega. Ellos se quedaban extrañados, ¿Cómo los dioses respondían a sus dudas? La verdad es algo sorprendente que desde la antigüedad el hombre haya necesitado ayuda divina para responder sus inquietudes. A mi no me extraña desde hace unos meses no hago más que preguntar al Señor mis dudas, aunque hay que estar dispuesto a escuchar su respuesta.
   Hace unos días llegó una oportunidad única a mis manos. Creo que nada llega por casualidad y eso es evidente. Nunca suelo hacer mucho caso a los correos que me mandan de información sobre las plazas convocadas. Pero algo de ese correo llamó poderosamente mi atención. Hace dos cursos me acomodé en un lugar y por mi mente no pasaba el cambiar ese lugar. Me sentía a gusto y en mi sitio. Todo esto era antes de que volviera a nacer en esta nueva vida que me ha brindado Dios. Ahora me siento distinta y me planteó cosas que antes ni me imaginaba.  Sé que es una plaza complicada, que me traerá muchos quebraderos de cabeza, más disgustos que alegrías, y en cambio, me siento muy atraída hacia ella.
   Hoy leyendo el Evangelio me preguntaba sobre esta cuestión. Sé que el puesto de trabajo no importa para seguir a Dios, en cualquier sitio puedes servirle. Pero desde que leí ese correo me he planteado muchas cosas que antes no pensaba, ¿Cómo sé que es algo que viene de Dios o solo es un deseo mío? No sé si me explico con claridad. ¿Es mi deseo el cambiar de sitio por determinadas circunstancias o realmente es Dios quién piensa que podría ponerme al servicio de los demás de esa forma? Es una pregunta muy difícil. Y más si en la esfera de decisión se ven afectadas la gente de tu alrededor, y cuando sabes que su reacción será negativa ante ese cambio.
   Creo que me gustaría enfocar mi vida de otra forma el problema es encontrar esa fórmula que se ajuste lo máximo posible a mi situación.Tampoco quiero que esta decisión me perturbe. Estoy segura que Dios proveerá lo que debo hacer, así lo hace siempre...


domingo, 22 de abril de 2012

Arrepentíos y Convertíos


   Los discípulos fueron los encargados de difundir el mensaje de Jesús. Ellos jamás pudieron convivir con la gran comunidad cristiana que hemos llegado a formar. Pero creyeron a Jesús, y tuvieron la gran suerte de estar a su lado. Nosotros los cristianos actuales nos pasa todo lo contrario a ellos. Nos hemos encontrado con la comunidad formada, pero no hemos visto a Jesús.
   Algunos tenemos la gran suerte de reconocer el rostro de Dios, hemos sido elegidos por Dios para seguirle. Solo nos pide algo, FE. Hay que saber mirar con los ojos del alma, y alimentar esa FE, porque es algo que solo crece cuando se cultiva y se comparte.

   Se cultiva con la ORACIÓN y la EUCARISTÍA, es el alimento del alma, y lo que nos hace unirnos al resto de la Comunidad. En la oración comunico al Señor mis anhelos y  preocupaciones encomendándome a Él. Le doy gracias por todo lo bueno que me ofrece cada día. Además en días que estoy inquieta me ofrece consuelo y paz. La EUCARISTÍA completa mi oración. Es mi porqué de muchos días malos, y cuando me quedo sin ella, me falta la parte más importante del día. La tercera parte importante que me completa, es llevar la ORACIÓN y la EUCARISTÍA ha mi vida diaria, es decir, intentar llevar, aunque torpemente su PALABRA a la práctica. Hay una frase muy reveladora en la segunda Lectura de hoy, que lo resume: "El que dice: “Yo lo conozco”, y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él".

   En la vida he tenido que elegir, seguir a Cristo y vivir de acuerdo a sus principios que son los que verdaderamente me han hecho feliz o hacer aquello que agrada a los demás pero a mi me hacia terriblemente desgraciada. Hace tiempo que elegí lo primero, aunque ello ha significado nadar muchas veces contracorriente. Me da igual, que Dios me enseñara su rostro e iluminara mi senda supuso una oportunidad de alejarme del precipicio en el que me encontraba. No pienso desaprovechar la oportunidad.

sábado, 21 de abril de 2012

Absolución y Vida Nueva

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   Cuando uno se acostumbra a vivir cerca de la LUZ y descubre donde se encuentra el verdadero sentido de la vida, es muy duro volver a vislumbrar las tinieblas.

   Esta semana ha sido tremendamente dura, había momentos que la presencia del demonio era más evidente que la de Dios. He pasado por todos los estados de ánimo posibles que nos alejan del Señor. Inquietud por sentir mi alma impura. Culpabilidad por la ofensa a Dios. Ira y Rabia proyectada al exterior. Nerviosismo que me hacía perder el control de mis actos. Angustia que me llevaba a tener unas enormes ganas de llorar. Y un desasosiego que me ha hecho tener que dejar mis clases y salir a tomar aire.

   No hace mucho me costaba muchísimo confesarme. Pensaba, como le cuento yo a este hombre mis pecados, ¡Qué vergüenza! Todo era fruto de una vida cristiana poco madura. Mis prejuicios no me dejaban sentir todos los beneficios de una buena confesión. Ahora nos sentamos uno al lado del otro, y las palabras fluyen por si solas. No siento rubor cuando le hablo, ni nervios como me pasaba al principio.

   Mi alma, después de navegar durante toda la semana por el mar de la zozobra, ha recobrado la paz, la que da el Señor, cuando en su nombre un sacerdote te dice: Yo te absuelvo tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. Al decirme eso, ha sido como si un aliento de aire puro entrara por mi boca y recorriera todo mi cuerpo para acabar en el corazón. El Señor me ha quitado un pesado lastre de encima, solo podía decirle durante toda la misa GRACIAS.

   Mi penitencia, un rosario por los jóvenes de la parroquia, la mejor que me podría haber puesto. Esta semana el rosario de un amigo que llevaba a todas horas conmigo, ha sido mi tabla de salvación.