Hoy he sentido la necesidad de volver a ese sitio donde un día me di cuenta que otra vida era posible. Allí un día el Rey mandó a un fiero guerrero a que me defendiera de las garras de unos demonios que me tenían atormentada. Me dijo que no se separaría de mí hasta que los demonios volvieran al inframundo. Fue una lucha encarnizada, una guerra cruel, en la que se perdieron muchas batallas y en las que nos hirieron en multitud de ocasiones.
La guerra se alargó durante meses, pero el guerrero jamás se rindió, y permaneció a mi lado intentando que no me rindiera, y prometiéndome que venceríamos a los demonios y que conseguiría ser feliz. El Rey sabía que triunfaríamos pues cada día nos mandaba un alimento especial que nos transmitía una fortaleza que nos daba poder para luchar. Así que un día conseguimos acabar con esos demonios que quedaron custodiados en las mazmorras reales.
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