Resulta muy consolador leer cómo Jesús pide por todos los
que creerán en su nombre. Ante el Señor, y en su diálogo con el Padre, no están
sólo sus apóstoles sino también todos los que entramos a formar parte de la
Iglesia. En la oración de Jesús he descubierto la importancia de seguir rezando
por todos los hijos de la Iglesia pero haciendo hincapié por aquellos que están
llamados a incorporarse un día. Debo de pensar en toda esa gente que está en
una situación límite como estaba yo, y necesitan de encaminar sus vidas.
Jesús nos invita a amar incondicionalmente y a fortalecer
los lazos de unión con nuestros hermanos, y así conseguiremos una unión más
perfecta con la Santísima Trinidad. Estos días más que nunca oremos por la
Iglesia, porque sin ella no somos nada.
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