A pesar de eso, he seguido abatida. El problema es que a veces olvido que mi cuerpo es solo el que vive en la tierra y que mi alma y mi mente, no pertenecen a la esfera perceptible por los sentidos, sino que está en manos de Dios. Él es el único que me ofrece descanso. En días como hoy, yo misma me bloqueo, y dejo de percibir esa paz, y esa libertad imperecera. Siento que he perdido mi esencia como persona, aquella que me definía y que ahora noto muy lejos. Que amar como amo yo, es maravilloso, pero que me ha llevado a renunciar a cosas a las que no daba valor, pero que al perderlas he sido consciente de lo importante que eran para mí.
También sé que el camino que lleva a Jesús no es el fácil, por eso muy poca gente transitamos por él, hay que renunciar a muchas cosas. Ahora cada paso que doy lo medito, y tengo en cuenta que haría Él.
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