Ayer disfruté muchísimo en el retiro. Desde hace tiempo, en los peores momentos, he sentido esa luz que me hacía falta. Ayer era un día de esos que necesitaba de la presencia de Jesús Sacramentado, siempre me transmite esa fuerza que nada más Él me hace sentir. Comentamos el libro del Éxodo. Cuando Moisés se encuentra ante la zarza ardiendo. El sacerdote nos descubrió un sentido nuevo a esa lectura, y como, en ella, podemos ver la conversión de Moisés.
Debemos buscar nuestro desierto diario, ese pequeño encuentro con Dios, donde hallemos soledad y el silencio para oír lo que nos tiene que decir el Padre. No voy a pensar tanto en esos sacrificios y lo mucho que me cuesta hacerlos, sino en que me lleven a una verdadera conversión con el Señor y para el Señor, para que mi corazón lleno de Él pueda desparramar ese amor a los demás.
"Debemos buscar nuestro desierto diario, ese pequeño encuentro con Dios, donde hallemos soledad y el silencio para oír lo que nos tiene que decir el Padre".
ResponderEliminarEn estos tiempos de jolgorio interminable donde la fiesta parece no acabar nuca, ruidos infernales que nos tienta y nos desnorta en nuestro camino y rechinares de dientes es complicado encontrar ese desierto de paz pero no imposible.
Me produce mucha calma lo que escribes. Si me permites decirlo, sigue así, vas por el buen camino.
Un abrazo