La Iglesia solo tiene sentido con Él, del mismo modo que Él tiene sentido a nuestro lado. Cuando alguien dice que cree en Dios y no en la Iglesia no lo concibo. La unidad y la plenitud de un cristiano se produce en la vida con su Comunidad. En la Iglesia no se cree se pertenece, y esta pertenencia te vivifica y te acerca a Dios, que es en el que creemos, por el que vivimos y al que le debemos nuestra existencia.
En la mía he descubierto una gran familia, rencontré algo que había perdido al salir de mi tierra. Un sitio donde se te da todo sin pedir nada a cambio. Cada día que entro en la parroquia me siento como en casa. Saludo a mi Padre, para mi lo más importante. Tengo la gran suerte de leer su palabra muchos días, y ser transmisora de sus enseñanzas, es un gran honor. Cuando llega el momento de la comunión, no veo a al sacerdote en la consagración veo a mi Padre que me llama al gran banquete. Yo acepto su Pan de vida, aunque sé que no soy digna, pero como le digo siempre: No te merezco pero te necesito. Es la verdad, el día que me quedo sin misa es un día en que no me siento entera, porque el momento de estar allí es el más importante de la jornada.
El otro día me decía alguien, ¿Para que vas a misa hoy, si te vale la de ayer? Mi contestación fue sencilla, no voy por obligación. La Eucaristía se ha convertido en el eje donde mi vida gira, y la oración en el motor de arranque del día, y de paz y sosiego por las noches.
En la mía he descubierto una gran familia, rencontré algo que había perdido al salir de mi tierra. Un sitio donde se te da todo sin pedir nada a cambio. Cada día que entro en la parroquia me siento como en casa. Saludo a mi Padre, para mi lo más importante. Tengo la gran suerte de leer su palabra muchos días, y ser transmisora de sus enseñanzas, es un gran honor. Cuando llega el momento de la comunión, no veo a al sacerdote en la consagración veo a mi Padre que me llama al gran banquete. Yo acepto su Pan de vida, aunque sé que no soy digna, pero como le digo siempre: No te merezco pero te necesito. Es la verdad, el día que me quedo sin misa es un día en que no me siento entera, porque el momento de estar allí es el más importante de la jornada.
El otro día me decía alguien, ¿Para que vas a misa hoy, si te vale la de ayer? Mi contestación fue sencilla, no voy por obligación. La Eucaristía se ha convertido en el eje donde mi vida gira, y la oración en el motor de arranque del día, y de paz y sosiego por las noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario